“Uma imaterialidade com vida própria”

“Os uruguaios tentamos nos rodear de singularidades para não desaparecer e nos aferramos às mostras de nossa identidade. Vivemos rodeados de colossos, densamente povoados e geograficamente asfixiantes. Somos esse país com forma de coração que se nega a palpitar em outro tom que não seja o que nos inventamos para nos dizer irmãos.”

A autora desse poema em prosa é Lylián Firpo, jornalista, radialista, compositora, que, com o marido, Juan C. Origoni, toca a Brujula Digital, um centro de agitação e produção cultural de Montevidéu. Por uma dessas sortes absolutamente imprevisíveis da vida, Mary e eu ficamos conhecendo Lylián e Juan durante nossa visita à capital uruguaia.

É sempre impressionante pensar que o Uruguai é um país cercado de Brasil e Argentina por quase todos os lados – com exceção dos que dão para o Rio de la Plata e o Atlântico. Um pequenino país, menor que a Síria, a Nova Zelândia, o Equador, bem menor que o Rio Grande do Sul. Um país pequenino cercado pelos dois gigantes da América do Sul.

Um país que, inteirinho, tem menos habitantes que a Zona Leste da cidade em que vivo.

Pode haver mais bela tradução dessa coisa de esmagamento entre dois gigantes que essas frases de Lylián?

“Los uruguayos intentamos rodearnos de singularidades para no desaparecer y nos aferramos a las muestras de nuestra identidad. Vivimos rodeados de colosos, densamente poblados y geográficamente asfixiantes. Somos ese país con forma de corazón que se niega a palpitar en otro tono, que no sea el que nos inventamos para decirnos hermanos.”

Lylián cometeu essa fantástica beleza assim como quem não quer nada, no meio de uma carta para nós, em resposta a um e-mail meu em que dava o link do meu texto sobre Montevidéu e pedia a opinião dela e de Juan.

Juan respondeu primeiro, de bate-pronto. Ressaltou que é homem mais de falar que de escrever (sim, que ele é bom de falar isso eu já ficara sabendo lá…), mas fez observações precisas sobre o meu texto. Realçou que Montevidéu tem problemas muito mais graves daquele que apontei, brincando, no início do meu texto – a falta de mais semáforos para atravessar as ramblas. E contestou opiniões que eu havia transcrito do El País, contextualizando que é um jornal de cerrada oposição ao governo da Frente Ampla.

Alguns dias depois chegou a carta de Lylián.

O texto dela é rico demais, saboroso demais. É impossível não transcrevê-lo aqui no 50 Anos de Textos. (Sérgio Vaz)

***

Estimados Mary y Sergio

Que gusto que a pesar de la vorágine de estos días nos tomemos un tiempo de sosiego para intercambiar reflexiones!

No puedo opinar sobre lo extensión de la misiva, ya que es uno de mis defectos, detenerme en los detalles y apreciar el juego de las palabras. Queda descontado el aprecio que les brindo por tan amables conceptos referidos hacia mí y mis seres queridos. No voy a caer en la tentación de darle una humanidad, un cuerpo material a nuestra ciudad sino que más bien me inclino por imaginármela como una inmaterialidad con vida propia. En otras palabras, amo a mi ciudad. Y soy urbana hasta la medula. Con todo mi respeto hacia los conciudadanos que compartimos este espacio geográfico, somos relativamente pocos en relación a nuestro suelo, pero fuertemente nos aferramos a ese concepto de patria que viaja con nosotros.

Nuestra ciudad, Montevideo, anfitriona de su estadía es una construcción dinámica, al igual que nuestra identidad como pueblo. Y con mucha memoria colectiva hemos ido construyendo; “crece la pared, por hiladas…crece la pared” frase de la canción de Zitarrosa, Crece desde el pie, (tendrán que soportarme las alusiones poéticas, herramientas que utilizo para incentivar el conocimiento), y reconstruyendo cada callecita y plaza. Cuando digo, construir, me refiero a reconocerla como nuestra, por lo tanto aportarle una forma de habitarla. Es con estos colores, por ejemplo, que a alguien se le ocurrió que fueran apagados, grises, que se construyeron los grandes edificios administrativos, porque ilusamente creía que eso daba más confianza a los posibles inversores que eligieran nuestra ciudad, y los sitúo en el siglo XX. Nosotros, los alegres habitantes en cuanto pudimos, les pintamos de colores vibrantes y brillantes, un barrio entero, Barrio Reus, o barrio obrero, proyecto concretado de un gran plástico que se renovó durante la Intendencia frenteamplista.

O la magnífica modernización de un edificio emblemático que frente a la rambla de Carrasco se convirtió en un referente de los visitantes que se sienten afortunados, hay un casino dentro.

Pero hay otras puestas a punto que van desde la remoción de una arteria que une Montevideo y la ciudad de La Paz, ya prácticamente fagocitada por la portuaria. En la que a través de señalizaciones, terminales, conexiones con otras avenidas, y lo más importante pasos con semáforos y cebras, permite una ágil circulación, es cierto que los que pisaban el acelerador ahora deben estar atentos a los cambios de luz, pero a nosotros los peatones nos encanta tener la tranquilidad del tiempo necesario para cruzar el corredor Garzón. Que se pierden segundos, dicen algunos ácidos conductores?, y que son si lo que se gana es salvar la vida.

Cambios de mentalidad. Igual que cuando se trasladaron a casa propia los habitantes de asentamientos, y se está tratando de erradicar la tracción a sangre. Ahora los arroyos que cruzan la ciudad son hasta parte del paisaje y no una recordación concreta que hay compatriotas que no están pasándola bien.

Falta mucho por hacer, claro, pero muchos proyectos se concretaron también en nuestra ciudad. Todo lleva un largo proceso en el que nos involucramos voluntariamente desde los vecinos hasta la más alta dirección administrativa.

Somos unos urbanitas que dejamos nuestras aristas limadas por las olas que una y otra vez nos visitan. Soy de la particular idea de que no hay mejor terapia que una buena caminata por la rambla, aspirando hondo, todavía podemos.

Es muy agradable compartir la mirada, de personas sensibles que aprecian los mejores exponentes de nuestra ciudad. En más de una ocasión, me descubro admirando cúpulas de edificios, por ejemplo, la de 18 de Julio y Yaguarón, muy eclética hermosa con pizarras combinadas o el Palacio Brasil, también en 18 de Julio esta vez esquina Julio Herrera y Obes, donde se encuentra el Museo de la Moneda.

Y pasearon por la joyita del Palacio Salvo, en el, se encuentran los estudios históricos de la radio CX30, Lugar en el que co-conduzco una magazine matinal La Red de la 30 y de tarde dos veces por semana hago una columna de Carnaval, Quien le dice a febrero? Allí en el entrepiso, los estudios miran a la Plaza Independencia, las arcadas de la pasivo ostentan orgullosas los 93 años de su existencia.

El Palacio Salvo es un edificio que representa a buena parte de los uruguayos, vanguardista en su momento, armonioso totalmente, rebelde en su concepción, y con un toque de misticismo. Dicen que lo habitan fantasmas que pueblan los corredores y dolidas voces se perciben en las oscuras noches cuando el viento se cuela entre sus postigos…

Seguramente sufrirán de desamor, que es el amor dolido, ese que se vive intensamente y luego se diluye en el tiempo. Es al que Alfredo Zitarrosa le pone palabras y entona como solo un hombre habitado de soledad puede compartir con los suyos. Voz de otro decían de él, voz de todos lo nombro yo.

Los uruguayos intentamos rodearnos de singularidades para no desaparecer y nos aferramos a las muestras de nuestra identidad. Vivimos rodeados de colosos, densamente poblados y geográficamente asfixiantes. Somos ese país con forma de corazón que se niega a palpitar en otro tono, que no sea el que nos inventamos para decirnos hermanos.

Ah sí, caminando por nuestra rambla se llega al destino de febrero que es Carnaval, el templo de Momo o el teatro al aire libre Ramón Collazo, recientemente remodelado y puesto a tono con la tecnología adecuada para recibir durante el resto del año a exigentes artistas internacionales. Pero en verano, desde diciembre con Carnaval de las Promesas, niños y adolescentes, enero con Murga Joven y el febrero todo para la fiesta máxima que es popular, masiva, y la más larga del mundo Carnaval.

Capítulo aparte seria el dedicado solo a Momo. Solo comentarles que durante cuarenta días se estrenan decenas de espectáculos del mejor nivel. Se recorren los barrios y se culmina con los ganadores del Concurso en sus diferentes expresiones divididas en categorías que compiten, festejando esta fiesta. Miles y miles de uruguayos participan de una forma u otra, como protagonistas, o surtiendo de los tecnicismo necesarios, vestuarios, escenografías, maquillajes, y un largo etcétera. Les sorprendería saber a veces cuál es su recompensa, a veces solo participar, porque realmente se disfruta con la creación popular.

Y no somos ingenuos, también hay cosas deplorables, niveles de confrontación que han aumentado, claro, que hay que identificar claramente sus causas y a quien privilegia. Todavía pecamos de repetir comentarios, que nos parecen validos porque una serie de sesudos opinologos machacan nuestra atención diaria, con informaciones tendenciosas. La academia, nuestros profesionales, sectores avanzados de la sociedad, siempre se jactaron de ser muy autocríticos y hoy al vecino común, seguramente todavía le falta apagar la televisión e involucrarse más con la participación directa, por ejemplo.

Nos encanta que hayan podido disfrutar de nuestra tierra. Y no tomen demasiado en cuenta lo quejosos que somos, raspando las corazas se descubre, al sencillo, sensible y muy nostálgico uruguayo, ese que es mezcla de sangre gringa y nativa. Compartimos algunas pinceladas y matices, sin mencionar poetas, cantautores, plásticos (ja, ja) a cuenta de más.

Cordialmente.

“Montevideo te quiero así, con tus llagas y lacras, con tus ciegos neones…ecos roncos de continua lucha, con el alterno compas de yute y charol, por baldosas flojas de olvido, abierta así… a las sales de tu rambla infinita…” (Es cosecha propia, Montevideo íntimo, parte de una canción de mi disco Piel de Sur, editado por Brújula Digital y el Fonam con todas baladas urbanas, tangueses y murgues)

* Las fotos de la ciudad son realmente muy buenas, tienen angel!

Lylián Firpo

Dezembro de 2018

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